Las crecientes tensiones geopolíticas en torno al estrecho de Ormuz reactivaron el interés internacional sobre el Canal de Estambul, uno de los proyectos más ambiciosos promovidos por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.
La iniciativa contempla la construcción de una vía artificial paralela al estrecho del Bósforo, con el objetivo de conectar el mar Negro con el mar de Mármara y aliviar el intenso tráfico marítimo que atraviesa actualmente la ciudad de Estambul.
El proyecto busca transformar a Turquía en un actor aún más relevante dentro del comercio marítimo internacional. Según estimaciones oficiales, el nuevo canal podría permitir el paso de alrededor de 160 barcos y petroleros por día.
Además de descongestionar el Bósforo y reducir riesgos de accidentes en una de las zonas urbanas más pobladas del mundo, Ankara pretende convertir el canal en una importante fuente de ingresos mediante el cobro de peajes.
La obra tendría un costo estimado de 23.000 millones de euros e incluiría no solo la excavación del canal, sino también nuevos desarrollos urbanos, centros logísticos e infraestructura de transporte en los alrededores.
Uno de los puntos centrales del proyecto está relacionado con la posibilidad de aplicar tarifas de navegación.
El estrecho del Bósforo, al ser una vía natural regulada por acuerdos internacionales como la Convención de Montreux de 1936, garantiza el libre tránsito de embarcaciones civiles y limita la posibilidad de cobrar peajes.
En cambio, el Canal de Estambul sería una infraestructura artificial administrada por Turquía, lo que le permitiría establecer un sistema de tarifas similar al que utilizan el Canal de Suez en Egipto o el Canal de Panamá.
Esta posibilidad es vista por Turquía como una herramienta estratégica en medio de las disputas globales por las rutas energéticas y comerciales.
Según los planes oficiales, el canal tendría una extensión aproximada de 45 kilómetros sobre la parte europea de Estambul.
El trazado uniría el lago Küçükçekmece, cercano al mar de Mármara, con la costa del mar Negro, atravesando el corredor Küçükçekmece-Sazlıdere-Durusu.
La vía tendría unos 25 metros de profundidad y una anchura variable de entre 250 y 1.000 metros, dependiendo del tramo.
De concretarse, el proyecto modificaría profundamente la geografía de la ciudad y reforzaría el rol estratégico de Turquía como punto clave del comercio marítimo internacional.
El renovado interés internacional por el Canal de Estambul está directamente vinculado a la crisis en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
Las recientes tensiones entre Irán y Estados Unidos provocaron incertidumbre sobre la estabilidad de esa ruta marítima, generando preocupación por posibles restricciones al tránsito y su impacto sobre el comercio global y los precios de la energía.
En ese contexto, Europa y otros actores internacionales comenzaron a seguir con mayor atención proyectos alternativos que puedan ofrecer mayor previsibilidad logística y estratégica.
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