En un contexto mundial donde los indicadores económicos suelen determinar el éxito de las naciones, Bután se destaca por aplicar un modelo diferente. Este pequeño país ubicado en la región del Himalaya decidió medir su progreso a través de la Felicidad Nacional Bruta (FNB), un sistema que busca evaluar el bienestar integral de la población por encima de la riqueza material.
La iniciativa fue impulsada en 1972 por el entonces rey Jigme Singye Wangchuck, quien sostuvo que el crecimiento económico solo tiene valor si contribuye a mejorar la calidad de vida y la felicidad de las personas.
La Felicidad Nacional Bruta se convirtió en el eje de las políticas públicas del país y plantea una visión del desarrollo que incorpora aspectos sociales, culturales, ambientales y espirituales.
La propuesta surgió como una alternativa a los indicadores económicos tradicionales, como el Producto Bruto Interno (PBI), al considerar que la prosperidad material no garantiza necesariamente el bienestar de la sociedad.
El modelo butanés se sostiene sobre cuatro principios fundamentales:
Bután desarrolló un sistema de evaluación que contempla nueve áreas vinculadas a la calidad de vida, entre ellas la salud, la educación, el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la participación comunitaria y la conservación del medio ambiente.
Estos indicadores se aplican mediante encuestas nacionales que permiten clasificar los niveles de bienestar de la población y orientar las políticas públicas.
A pesar del reconocimiento internacional que recibió la experiencia de Bután, el país enfrenta diversos problemas.
El desempleo juvenil representa una de las principales preocupaciones y ha impulsado la emigración de muchos jóvenes en busca de mayores oportunidades laborales.
Además, la llegada de internet y la televisión a finales de la década de 1990 introdujo nuevos hábitos de consumo y aspiraciones económicas que, en algunos casos, entran en tensión con el modelo tradicional.
También persiste una dependencia significativa del comercio exterior y de la cooperación internacional para sostener parte de su infraestructura y desarrollo.
Sin embargo, Bután continúa siendo una experiencia singular a nivel mundial, al proponer que el progreso de una nación no se mida únicamente por la riqueza generada, sino también por el bienestar y la felicidad de sus habitantes.
Redacción
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